
contra la tierra que les vio nacer.
El querer, no pudiendo concentrarse
en mitad de una noche de verano.
Ahuyentar a los neo-muertos
del camposanto de la Tierra
en pleno giro constante.
Atavíos metálicos, destrucción y sangre.
Las máquinas de matar encajadas
en piel y huesos de santos inocentes.
Los fantasmas de un pasado mejor
huyendo de sus lápidas
aberrantes.
El musgo podrido, seco, pegado
a las paredes de la elegancia
marmórea.
La hiedra corroyendo la inminente
huida a Marte.
Los cohetes espaciales dejarán de salir
desde cabo Cañaveral
para esconderse en las profundidades
de los caminantes.
Y el ladrido de un lobo
al compás de la desgracia errante
marcará la cadencia
de las cabezas de caza.
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