
Creo que el mundo anda un poco harto de sí mismo. Es decir, que todos estamos un poco cansados de todos. De las relaciones, del amor, del odio, de las riñas y discusiones, de los reencuentros, de los besos rotos y aquellos que son robados en medio de una noche.
Sí, porque si, momentáneamente, todos nos volcamos en un silencio absoluto, entonces podremos oír cómo Gaia se ríe de nosotros y de nuestra banalidad.
¡Hasta las amebas se descojonan por los rincones de la Humanidad!
¡Panda de inútiles!, gritan.
Y sí, quizá estemos hartos todos de todos, porque no nos soportamos ni a nosotros mismos. No soportamos el peso del narcisismo sobre los hombros. No soportamos la ira del prójimo cuando fallamos o cuando pecamos una y otra vez.
Somos seres imberbes, desde el principio hasta el fin de nuestra consumible existencia.
Somos polvo en el polvo y el círculo vicioso de la ceniza y la nada.
Somos carne de nadie y piel de todo.
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