
que las pesadillas
y los malos hábitos
se esfuman con el tiempo y la vejez.
Nada puede perturbar mi alma
y menos aun saciar mi sed.
Somos carne de cañón
y pólvora incandescente
para beber.
El licor amargo
de los dedos que han vivido
un destino de placer.
Los amaneceres nunca fueron tan amargos
sin la tibia luz del anochecer...
Y todas nuestras construcciones
de mármol infinito
se esfuman como el polvo en la Nada.
El ocaso que precede a nuestros últimos suspiros
guarda el olor del incienso de nuestro ayer.
2 comentarios:
Me encanta, cariño.
Muchas gracias, Mister Forero
:)
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