
incandescentes, del fuego y del hierro.
Se han secado las flores muertas
que adornaban mis cabellos,
mientras me jugaba la vida
entre el mármol más bello.
Los líquines han muerto.
En el Lago del Olvido ya nadie
reconoce su sueño.
Y, mientras, Cupido decide
cómo comerse sus entrañas
de acero y oro líquido;
de polvo y nenúfares secos.
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