
dardos de odio, ternura y espanto.
Y poder enredarme en sus muslos,
de sirena del tiempo.
Lucharé con mis puños, mis ojos, mis abrazos,
y protegeré todo lo que me es ajeno.
Dejad que me muera en el hielo
de sus labios...
en su dulzura y en su cuerpo.
Y respirar este aire tan frío
que está quemando mis pulmones ajados...
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