
a través de mis dedos, hechos huéspedes
de tu humus, de tu calor...
de tu cuerpo marmóreo.
Estos labios son los que esperan
a ser recibidos en el altar sacrílego
de tu eterno Fuego.
Deja que mi piel vague a través
de tus transparencias
decimonónicas.
Y en una gran cama con dosel
nos perderemos...
en la noche más prohibida de todas
donde se esconden mis oscuros deseos
y tus temidas pasiones.
Y el grito que corta el aire
hediondo de podredumbre, y de misterios...
Vaguemos por los páramos, los cuarteles,
las azoteas de esta temible ciudad
donde todos tus sueños se cumplirán.
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